El amor romántico se desvanece, y con el tiempo desaparece, como el hambre en un banquete, o un niño con un juguete, que le encanta por un tiempo, pero nunca para siempre. Buscamos durante años, o quizás toda una vida, esa llama tan esquiva, la cual uno nunca olvida, solo anhelando encontrarla, para por vida abrazarla. [Puente - melancólico, micrófono cercano] Pero ningún fuego arde para siempre, en la tierra la llama más caliente, se reduce a cenizas, cuyo resplandor, brinda calor sin ardor. Anhelamos el fuego consumidor, que brinda ese olvidado ardor, --una búsqueda insensata, que a la angustia nos ata. Si esa llama encontramos, o encontrarla creemos, a ella nos aferramos --la razón despediremos.