Cada mañana, tus ojos despiertan la luz, el tiempo los pinta con calma y virtud. Tu voz es la brisa que roza mi piel, un susurro de vida, un amanecer. Ana, tus manos detienen el mar, con cada caricia me enseñas a amar. Tus besos, vestidos de años y paz, me llevan a un mundo donde el tiempo no va. Tu risa, refugio que nunca perdí, tu aura ilumina lo oscuro de mí. El ardor se hizo niño, se hizo verdad, te amo más fuerte, con más libertad. Ana, tus manos detienen el mar, con cada caricia me enseñas a amar. Tus besos, vestidos de años y paz, me llevan a un mundo donde el tiempo no va. Eres la hora, el minuto, el latir, sin ti, mi universo no sabe existir. Ana, mirarte es mi forma de orar, el milagro en mis días, mi verbo, mi hogar.