
Nacer para morir, y mientras tanto aprender a caminar entre pérdidas, abrazos breves, sueños que llegan y silencios que quedan. Nacer para morir… sí, pero también para amar, para dejar una huella en otros, para encender una lámpara en mitad de la noche de alguien. La vida no se mide solamente por los años que resistimos, sino por las veces que fuimos refugio, memoria, pan compartido, palabra sincera. Morimos un día. Pero antes de irnos podemos convertirnos en recuerdo vivo en la mirada de quienes nos quisieron. Porque quizá el destino final sea desaparecer, pero el verdadero milagro es todo lo que dejamos latiendo después de partir. Y hoy,al despedirte queda entre nosotros su voz, su lucha, sus convicciones y el recuerdo de un hombre que dedicó parte de su vida a los demás. “Nacer para morir… pero entre un día y otro, algunos hombres y mujeres dejan una luz que no se apaga.”

