He visto tu guadaña, pasaba por allí, sobre el tronco de un ciprés viejo, en el jardín de mármol y cruces en el que suele pararse el tiempo. Tu arpón definitivo clavas sin piedad cruelmente en el pecho de la vida, siegas de raíz, crujes los cimientos. ¡Maldita tu misión cuando apareces! Fría oscuridad, hora indeseada, tu misión de dolor y de tormento paseas por los montes y sus ríos, ansiosa de asestar tu puñalada. Frontera cierta, linde de la nada, oscuro y frío lance del tormento, resuelves ser y vida a tu albedrío, esencia y carne ordenas separadas. El tiempo me acerca a tus garras, me acechas impasible, te siento cerca, escondida entre los míos. He visto gafas de sol y ropa negra, y blancos pañuelos de algodón y sal, también a niños con preguntas y a mayores sin palabras, indecisos, junto a la madera llena de respuestas. Dolor, desesperanza, injusta esparces cuando surca, implacable, tu lamento y cambias un corazón, su sentimiento por las tristes cenizas que tú ofreces. Fría oscuridad, hora indeseada, tu misión de dolor y de tormento paseas por los montes y sus ríos, ansiosa de asestar tu puñalada. Frontera cierta, linde de la nada, oscuro y frío lance del tormento, resuelves ser y vida a tu albedrío, esencia y carne ordenas separadas. El tiempo me acerca a tus garras, me acechas impasible, te siento cerca, escondida entre los míos. ¡Maldita tu misión cuando apareces! ¡Maldita tu misión cuando apareces!