
El drom no es una línea en el mapa del mercado, es el paso del cuerpo sobre el sustratu vivo. El primate bandido observa desde la sombra del búnker, calculando el peso de la caza ajena, esperando el momento de imponer su cerca de alambre. Él no sabe caminar, solo sabe acumular el esfuerzo del otro. Miramos las líneas de las manos como quien lee la carne, anatomía primordial antes de sus leyes y sus iglesias. El Occidente Nasvalo compra el ruido y vende el simulacro, bautizando su robo con el nombre de cultura oficial. Pero el yag de la comunidad no cabe en sus planillas de silicio, nuestra raíz camina aske, sin pedir permiso a ninguna bandera. Tu cálculo es estéril, tu risa cínica es el rastro de la traición antigua. La Bizitza no se arrodilla ante el patrón ni ante el Estado. Guardamos la distancia en la fortaleza del Chachipén; el drom es nuestro movimiento, y vuestro progreso no es más que el cadáver de un reloj ciego. Los parásitos buscan el kalo rat para alimentar su vacío, ofreciendo trampas vestidas de palabras amables. Rechazamos la caricia del verdugo y su moral de oficina. El animal humano despierta en el aislamiento del laboratorio, forjando la palabra que destruye la propiedad de la mentira. Vamos solos, porque el Chachipén no necesita de vuestro rebaño. [Stop] [Duscuso Spoken Word] No vine aquí para obedecer ni para ser mercancía. Lo que intento expresar en mis obras es una preocupación real: cómo la soledad, el mercado y la estética del simulacro afectan la forma en que las personas se relacionan. Tal vez mi intensidad haga difícil entenderme a veces, pero mi intención nunca fue destruir personas. ¿Por qué la filosofía, la introspección y la verdad emocional parecen perder espacio frente al cinismo y al juego social? El arte debe servir para despertar sensibilidad, no solo consumo. El drom no se vende. El drom no se vende. Chachipén, drom. El Duende, drom.

