
He vuelto a recordar esta mañana el tiempo en que aclaraba en otra luna el beso y la canción inoportuna con mi avidez de estirpe partigiana. Esos días de fiebre tramontana en los que los poemas eran una razón de vida. Mientras la fortuna se marchaba con otra caravana. Aquellos días del amor inquieto y la caricia y el fusil y el grito, hijos de los silencios de un soneto. He vuelto a recordarte y hoy te cito porque el niño no duerme ni está quieto. Aquél que despertó es un proscrito.

