Oscuridad, le falta tu caricia de brea acompasada a mis silencios. Ven, prometo no sentir tu espuela fría en las costillas, mientras sangra la vieja herida sin edad alguna. En medio de tu noche, exhumaré una raíz antigua y poderosa de infinita oquedad para sembrarla junto a un sol de versos incumplidos. Nacerán girasoles y claveles para mis ojos y mis manos, y en el azul perdido extraviaré la voz hasta fundirme en ti sin condiciones. Ya no seré de nuevo viña, beso, albahaca o mantel a cuadros y morirá así -a voz callada- otra promesa porque presiento ahora que sí si que me va a doler.