Se fragua por las calles de Caracas, en medio del bullicio distraído, un algo inevitable que aún no entona el rezo de los músicos del metro. Trascendentes y heridos, como aves de obelisco, y en pleno Parque Metropolitano, revuelan los suspiros que se nacen entre tú y yo. Así va, plegaria y queja balbuciente, maduro y, con las prisas de los morbos, ya casi revelado, el fruto con aromas de "tequieros" sobre un labio que tiembla en las esperas, forzando a que el sabor del beso duela como el vuelo preciso del rumor de Septiembres que aún no han sido y que despiertan los sonrojos delante de un semáforo y por las calles de Caracas un día soleado de domingo.