
Cantando la alegría del ritmo y la armonía se escucha en lo lejano del orgulloso llano el timbre del turpial. Y empiezan los conciertos de los cielos abiertos. Se sientan los llaneros de cara a los esteros a oír el recital. Canta la guacharaca al son de las maracas y el grácil tucusito aclara canto y grito al ver al gavilán. Bailan araguaneyes un vals de antiguos reyes y saltan las cayenas, lindas que matan penas, con tintes de azafrán. Y el llano de azul se tiñe la palma al fin destiñe su gloria de hermosa altura, y posa en su figura el pardo alcaraván. Se cuela en la sabana un llanto de tramontana que grillan alegres grillos y en lampos verdiamarillos el llanto del buen gañán. La noche baja su velo se esparce un nuevo cielo que corta la luz amable y mezcla su velo afable con tintes del alquitrán. Y llora triste el llanero lejano está el lucero que espera y espera tanto que entona bien este canto y bebe del sebucán.

