
Tú querías ser el amo, yo asentía por amor, tú ponías las condiciones, yo ponía la mesa en el comedor. Tu lo organizabas todo incluida mi actitud, pero hay algo que Jeguel sabía: sin mi «sí» no mandas tú. Me dijiste: «Soy independiente», con tu tono más condescendiente. Yo pensé: «Qué interesante: yo también soy un sujeto pensante». Porque el yo necesita otro yo que le diga: «Sí, eres tú». Qué desgracia metafísica si ese otro dice: «tururú». Reconóceme, reconóceme, que sin mí no sabes quién eres. Tú querías tener una esclava y en realidad me necesitas mucho más de lo que quieres. Reconóceme, reconóceme, mírame de sujeto a sujeto. Si me tratas como una cosa, cariño, No seras un sujeto completo Oh-oh-oh, qué absoluto tu ego. Oh-oh-oh, qué dialéctico el fuego. Oh-oh-oh, me marché de tu imperio y ahora tienes un problema fenomenológico serio. Mientras tú dabas discursos sobre quién debía mandar, yo aprendía cuatro cosas: hacer, pensar, transformar. Tú consumías los frutos, yo aprendía producción. Mala suerte: en la dialéctica trabajar desemboca en evolución. Porque aquello que parecía mi derrota y sumisión fue enseñándome despacio mi poder de creación. Y tú, rey del universo, sin saber hacer café, descubriste una mañana que tu reino era IKEA y yo tenía la Allen key. Yo temía perderlo todo, tú temías perderme a mí. Uno de los dos cambió. Adivina quién fue. Sí. Reconóceme, reconóceme, que sin mí no sabes quién eres. Tú querías tener una esclava pero me necesitas mucho más de lo que quieres. Reconóceme, reconóceme, mírame de sujeto a sujeto. Si me tratas como una cosa, cariño, Te verás en un aprieto. Si lees a Jeguel lo entenderás, y si no lo lees me perderás No fue tesis, antítesis, síntesis, eso se usa demasiado. Fue mirarte, negarte, superarte y notar lo que había cambiado. Aufjeben, baby: negar y guardar, subir otro piso sin dejar de recordar. No vuelvo al comienzo, no puedo volver. La historia no gira: aprende a través. Yo quería que me vieras. Tú querías que te admirase. Pero a ti la diferencia puede que se te escapase. Yo buscaba reconocimiento. Tú buscabas ovación. Y entre Kant, champán y lágrimas se acabó la relación. Ya no tienes que reconocerme, ya sé perfectamente quién soy. es la parte divertida: no pido permiso y cuando quiero me voy. Reconócete, reconócete, quizá un día aprendas respeto nadie puede hacerse libre convirtiendo al otro en objeto. Querías ser mi amo. Querías mi alienación. Hegel me hizo caerme del guindo y no pienso pedirte perdón

