
[Intro] Dos años dando vueltas. Amigos, pareja, amigos otra vez. Antes follábamos como dos muebles montados sin instrucciones. Ahora no. Ahora el problema son los vecinos. [Verso 1] Hace dos años empezando, poca conexión en la cama, muchas ganas por mi parte, tú frenando la jugada. Creo que veníamos de fiesta, ni recuerdo la llegada, vasos, humo, algo en la mesa… tengo la cinta borrada. Pero hay una puta escena que no pierde resolución: tú apoyada en la baranda, quizá fumando un cigarrón. Yo saliendo de la niebla, acercándome al balcón, lo demás quedó en blanco… menos aquella posición. Por detrás, sin dar discurso, tú entendiste la intención, no recuerdo ni qué hicimos cuando acabó la función. Qué cabrón es el cerebro, pierde media habitación pero archiva justo el trozo que no enseñas en televisión. Por entonces no encajábamos, cada uno a su compás, yo queriendo darle al tema, tú diciendo “hoy no más”. Éramos buenos de colegas, de pareja regular, pero ese balcón se quedó diciendo: “vais a regresar”. Y regresamos. No sé cuántas veces más. Tú diciendo “siempre quiero que en mi vida tú estés”. Yo pensando “no me vendas para siempre tan deprisa, que hay semanas que no tienes ni diez minutos pa’ mi cara y otras vienes con cerveza y me quieres arrancar la camisa”. [Estribillo] El puf no miente, el puf sabe la verdad. Si los vecinos preguntan no tenemos na’ que hablar. El puf no miente, se quedó con la señal. Tú diciendo “¿eso es tuyo?” yo: “eso es tuyo, animal”. Baba de caracol, firma puesta sin rotulador. Dos años sin entendernos y ahora tiembla hasta el salón. [Verso 2] Este verano ya es distinto, hemos pillado el mecanismo, sigues siendo tú de siempre, yo sigo con el mismo vicio. Yo con ganas todo el día, tú controlas el servicio, pero cuando abres la puerta, hija puta, menudo inicio. Venir del bar, casa tranquila, luego arriba a la terraza, mismo puf contra la esquina, misma noche que amenaza. Nos tumbamos de costado, sesenta y nueve sin pausa, y tú gimiendo de gusto como si te pagara la casa. Yo pensando: “nos escuchan”. Tú metida en la movida. Una ventana enfrente abierta, otra luz recién prendida. No sé si tú eras consciente, pero yo daba por hecho que medio bloque sabía exactamente lo que había en el techo. “Niña, se te oye.” Bueno… creo que lo pensé. Porque hablar en ese punto tampoco era mi fuerte, ¿ves? El vecino del enfrente desde entonces duerme mal, se compró unos tapones… o una silla pa’ mirar. No hacen falta cámaras, aquí sobra información: un gemido cruza un patio más rápido que el ascensor. Luego todos muy correctos cuando bajas al portal: “Buenas tardes.” “Buenas tardes.” Cabrones, dejad de actuar. [Estribillo] El puf no miente, el puf sabe la verdad. Si los vecinos preguntan no tenemos na’ que hablar. El puf no miente, se quedó con la señal. Tú diciendo “¿eso es tuyo?” yo: “eso es tuyo, animal”. Baba de caracol, firma puesta sin rotulador. Dos años sin entendernos y ahora tiembla hasta el salón. [Verso 3] Y otro día, misma terraza, mismo puf, distinta guerra, tú tan suelta que aquel mueble pidió baja por humedad extrema. Terminamos, cada uno luego vuelve a su planeta, yo me levanto y recojo mientras tú vuelves a ser discreta. Al día siguiente WhatsApp: “Dani, dime una cosa…” Ya noto por el mensaje que la pregunta viene hermosa. “¿Tú acabaste dentro anoche? Es que hay una mancha enorme…” Yo mirando el puto móvil: “¿Pero qué coño me escondes?” “No. Dentro no. Eso lo tengo clarísimo.” Pausa. “Esa baba de caracol es tuya.” Silencio mínimo. Y casi puedo verte al otro lado diciendo: “Qué cabrón…” Pero riéndote. Ahí está lo nuestro, creo: somos malos definiendo lo que somos cuando estamos. Amigos, luego pareja, luego amigos, luego cama, tú diciendo “no te vayas”, yo dudando de tus ganas. Bebes más de lo que quiero, te me pones impertinente, pero también más caliente y ahí me pierdes fácilmente. Hay días que no hay manera de cuadrarnos ni la agenda, y otros dejas medio puf con más pruebas que una escena. No te voy a hacer promesas ni vestir esto de amor, porque nosotros cambiamos de nombre más que de ascensor. Pero hay algo que está claro después de tanto vaivén: antes juntos no encajábamos. Ahora encajamos demasiado bien. [Break] —¿La mancha era tuya? —Sí. —¿Seguro? —Segurísimo. —Cabrón. —Lava el puf. [Estribillo final] El puf no miente, que declare ante el portal. Tiene más información nuestra que tu grupo de WhatsApp. El puf no miente, y el balcón tampoco, amor. Uno guarda hace dos años, otro guarda este calor. Baba de caracol, sin factura ni control. Tú querías que estuviera siempre dentro de tu vida… Yo con estar en tu terraza ya tengo jurisdicción.

