
Hay veces que el corazón parece volar, ajeno, y se fuga de la prisión en que lo ha encerrado el cuerpo. Y busca en los verdes ojos labios que le den besos, como un niño caprichoso sin pedir permiso al verlos. Tanto su camino alarga que cuando se piensa suelto, las dudas frenan sus alas y cae por su propio peso. Y los dilemas lo acosan al ver que yace en el suelo, y hasta las lágrimas brotan cuando lo atenaza el miedo. Pero tiene esa prisión una ventana a los sueños que crea para el corazón miradas, labios y besos, y al desplegarse las alas acariciando los vientos, vuelve a sonreír el alma volando en el pensamiento. y al desplegarse las alas acariciando los vientos, vuelve a sonreír el alma volando en el pensamiento. Y siempre en esta batalla es vencedor el cerebro, ya que en su auxilio reclama ayuda al remordimiento. Como vence el domador la rebeldía del fiero, manso vuelve el corazón entre las rejas del cuerpo. Un caudillaje angustioso cierra con nudos el pecho, y para cegar los ojos manda rutina el cerebro. Pero tiene esa prisión una ventana a los sueños que crea para el corazón miradas, labios y besos, y al desplegarse las alas acariciando los vientos, vuelve a sonreír el alma volando en el pensamiento. y al desplegarse las alas acariciando los vientos, vuelve a sonreír el alma volando en el pensamiento. Una ventana a los sueños… Miradas, labios y besos… Acariciando los vientos… Y vuelve a sonreír el alma volando en el pensamiento. volando en el pensamiento. volando en el pensamiento. volando en el pensamiento.

