El viento soplaba en el brezal agostado, pero no se movía una hoja en el bosque; allí estaban las sombras día y noche, y criaturas oscuras reptaban en silencio. El viento bajaba de las montañas frías, y como una marea rugía y rodaba; las ramas crujían, el bosque gemía, y allí se amontonaba la hojarasca. El viento soplaba del Oeste al Este, cesó todo movimiento en la floresta, pero ásperas y roncas cruzando los pantanos las voces sibilantes al fin se liberaron. Las hierbas sisearon, las flores se doblaron, los juncos se mecieron. El viento avanzaba sobre un estanque trémulo bajo cielos helados, rasgando y dispersando las nubes rápidas. Pasó por encima del cubil del Dragón, dejó atrás la Montaña solitaria y desnuda; había allí unas piedras oscuras y compactas, y en el aire flotaba la bruma. Dejó el mundo y se elevó volando sobre el ancho mar de la noche. La luna se hizo a la vela sobre la galerna y las estrellas se hicieron mil luces sobre las olas.