Alguna vez canté, con tu voz y en tu pecho arrebatando versos a tu triste mirada, destilando en tus labios la miel de la alborada inciertamente atado con lo incierto del lecho. Alguna vez soñé que fui en tus sueños hecho como un simple rumor de la ilusión alada: fugaz estrella errante de noche constelada a quien se pide amor de jardín y barbecho. Me sentí alguna vez escapar de tu aliento, de canción disfrazado, con el beso que nombra un camino de sal que en la tarde se alarga. Y en los confines leves del arrabal del viento, alguna vez hundí recuerdos en tu sombra y canté dulcemente nuestra canción amarga.