
El decimo doctor y los fuegos de Ponpeya
(Intro) (Sonido ambiental de erupción volcánica lejana, ceniza cayendo y un coro en latín dramático) (Voz de Donna Noble con desesperación): “Doctor... salvos fac. ¡Salva a alguien! ¡A una sola persona, por favor!” (Entra un potente riff de guitarra eléctrica acompañado de violines orquestales acelerados) (Verso 1) En el año setenta y nueve, bajo el sol de la bahía, la sombra del Vesubio a Pompeya envolvía. Los sibilas profetizan con la mente de piedra, mientras el magma despierta y la tierra se quiebra. Los Pyrovile despiertan de su letargo ancestral, alimentando el fuego para un dominio total. Si el volcán no despierta, el planeta caerá, pero si el magma brota, la ciudad morirá. (Pre-Coro) (La batería aumenta la velocidad, los violines marcan tensión) Un punto fijo en la historia, escrito con dolor, el peso de la elección sobre el Señor del Tiempo. No hay salida limpia, no hay solución ideal, convertirse en el verdugo para evitar el mal global. (Coro) (Explotan las guitarras, bajo pesado y coros orquestales) ¡Arden los fuegos de Pompeya en la oscuridad! El Doctor presiona el botón hacia la tragedia. Erupciones de fuego, ceniza y desolación, imponiendo el destino sin dar absolución. ¡Un día de ceniza donde el héroe lloró, y la piedad de una acompañante la historia cambió! (Verso 2) Caos en las calles, la gente intenta huir, mientras el humo del infierno los empieza a cubrir. El Doctor camina de vuelta a la TARDIS azul, con el corazón helado bajo este cielo de tul. Pero Donna le suplica, no lo deja marchar: "¡No puedes salvarlos a todos, pero a uno hay que rescatar!" Una mano extendida en medio del volcán, salvando a Caecilius mientras las rocas caerán. (Puente Musical) (Solo de guitarra eléctrica melancólico mezclado con violonchelo sombrío) (Spoken word tenso y conmovido): — "El tiempo es mío, pero a veces no puedo cambiar nada..." — "Solo una familia, Doctor. Recuerda quién eres." (Sube la intensidad de las guitarras con un crescendo épico) ¡Un Señor del Tiempo necesita alguien que le ponga freno, para no convertirse en un dios de veneno! (Coro) (Máxima potencia instrumental) ¡Arden los fuegos de Pompeya en la oscuridad! El Doctor presiona el botón hacia la tragedia. Erupciones de fuego, ceniza y desolación, imponiendo el destino sin dar absolución. ¡Un día de ceniza donde el héroe lloró, y la piedad de una acompañante la historia cambió! (Outro) (La música va bajando, dejando solo un violín triste y el crujido de cenizas) Una estatua doméstica en el hogar de Roma... Guardando el recuerdo del hombre que los salvó. El fuego se apaga, la TARDIS se va, y Pompeya descansa bajo la eternidad. (Cierre seco con un acorde de piano grave y un suspiro)

