
Hoy coloqué cerezas en las cuencas vacías de tus ojos y abrazé con furia los recuerdos que se me escapan. En la soledad fatua, arropado entre sepulcros, arranco con las uñas el marmol de tu nicho y hurgo entre tus restos encontrándote bella en mi memoria. Beso tu fría calavera dejándome mecer por ella. Juntando los rostros acaricio lo que nunca debió partir. Separo restos de piel de tu boca, ceniza de tus mofletes, mechones de tu frente. Promesas alejadas que hacías entre sábanas jurándome tu vuelta. Nunca regresaste al hueco de mi abrazo ni al redil de mis olores. Y cada luna vuelvo. Te arranco de la muerte, trayéndote de los olvidos, para saborear la fruta que tantas veces compartimos. Aprieto las cerezas que sueltan su jugo dulce como dulces fueron los tiempos en los que deje de ser y fuimos. Lagrimas coloradas arrebatan tus desoladas mejillas y colorean tus dientes. Acerco mi boca saboreando el aroma antiguo de la fruta madura sobre tu noble dentadura. Cierro los ojos y brillas entre mis labios. Cuando nos separamos, sonries... La noche me devuelve la realidad mas amarga y arrojo tu calavera al seno de la tumba donde yace mi locura. Fuiste tan llena de vidas y ahora ... tan vacía. La luna se rie como una puta borracha. Abro otra botella, brindo por la nada y trago los huesos de tus cerezas.

