
Mi sol, camino solo por calles vacías. Ya no sé si es tarde o madrugada, el tiempo perdió su medida. Todo parece suspendido, sin ruido, sin dirección. Solo escucho mis pasos golpeando contra el concreto. Y entonces apareces, rompiendo la neblina gris. Como si el cielo se abriera solo para dejarte venir. Mi sol… bajaste de las montañas, o tal vez de torres de cemento. No eres de este mundo, eso lo siento. Mi sol… olvidaste tu propia lengua, pero igual te logro entender. Llévame contigo, necesito elevarme también. Traes algo que no tiene nombre, una luz difícil de mirar. Algo antiguo y algo futuro respirando en un mismo lugar. Y aunque no entienda tu origen, ni de dónde vienes tú, algo dentro de mí despierta cada vez que veo tu luz. Quiero ver desde más alto, dejar abajo esta ciudad. Salir del ruido y del miedo, aprender otra claridad. Mi sol… viniste de las montañas, o de un horizonte artificial. No eres de este mundo, nunca lo fuiste en realidad. Mi sol… aunque olvidaras las palabras, tu luz me sabe guiar. Llévame contigo, quiero aprender a volar.

