
Tampoco pasa nada si a mi boca no llegan más palabras ni frases ocurrentes, de esas que luego puedes convertir en poema sin pensarlo dos veces. He tenido la suerte -y a veces el acierto-. Si es un segundo antes no nace o nace muerto. Si un segundo después… ya llegas tarde. y sólo es un recuerdo. Tan sólo es un instante, cuanto todo confluye y fluye en un momento como no lo hizo antes, como el guante a la mano, como la mano al guante. Se me secó el manantial del verso... el lugar en el pecho donde anidan las rimas, se instala el sentimiento que más tarde germina y duerme a cielo abierto. Y no es falsa modestia -de eso ya me he curado-. Me tomé la molestia de romper lo guardado, de no dejar ni huella de un verso pergreñado. “Sujeto, verbo y predicado” contaba en el colegio mi maestro. “Sujeto, verbo y predicado” -en eso me he aplicado-. Y si “menos es más”, sigamos su consejo. Se me han ido las ganas de empezar desde cero. Quizás, si se me pasa, vuelva ante un papel en blanco, y se remonte el vuelo.

