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No soy nada (3ª parte. Alvaro de Campos-Heterónimo de Fernando Pessoa)

V5.5

Derrame la naturaleza su sol y su lluvia sobre mi ardiente cabeza y que su viento me despeine y después que venga lo que viniere o tiene que venir o no ha de venir. Esclavos cardíacos de las estrellas, conquistamos al mundo antes de levantarnos de la cama; nos despertamos y se vuelve opaco; salimos a la calle y se vuelve ajeno, es la tierra y el sistema solar y la Vía Láctea y lo Indefinido. (Come chocolates, muchacha, ¡Come chocolates! Mira que no hay metafísica en el mundo como los chocolates, mira que todas las religiones enseñan menos que la confitería. ¡Come, sucia muchacha, come! ¡Si yo pudiese comer chocolates con la misma verdad con que tú los comes! Pero yo pienso y al arrancar el papel de plata, que es de estaño, echo por tierra todo, mi vida misma.) Queda al menos la amargura de lo que nunca seré, la caligrafía rápida de estos versos, pórtico que mira hacia lo imposible. Al menos me otorgo a mí mismo un desprecio sin lágrimas, noble al menos por el gesto amplio con que arrojo, sin prenda, la ropa sucia que soy al tumulto del mundo y me quedo en casa sin camisa. (Tú que consuelas y no existes, y por eso consuelas, Diosa griega, estatua engendrada viva, patricia romana, imposible y nefasta, princesa de los trovadores, escotada marquesa del dieciocho, cocotte célebre del tiempo de nuestros abuelos, o no sé cual moderna -no acierto bien la cual- sea lo que seas y la que seas, ¡si puedes inspirar, inspírame! Mi corazón es un balde vacío. Como invocan espíritus los que invocan espíritus me invoco, me invoco a mí mismo y nada aparece. Me acerco a la ventana y veo la calle con una nitidez absoluta. Veo las tiendas, la acera, veo los coches que pasan, veo los entes vivos vestidos que pasan, veo los perros que también existen, y todo esto me parece una condena a la degradación y todo esto, como todo, me es ajeno.)