
Arrepentimiento (La Restauración de la Palabra).
El arrepentimiento no es una oración. No es un susurro en un confesionario. No es un trato con un dios de emoción. para asegurar un paraíso abstracto. Eso es una transacción. Un perfume para la culpa. El arrepentimiento verdadero es un acto. Es la mano que suelta el hueso del lucro. Es la boca que confiesa el crimen. Es la pierna que camina hacia la reparación. Es devolver lo robado. Es dejar de oprimir. No hay cielo que limpie lo que no se limpia en la tierra. No hay deidad que perdone lo que no se repara ante la víctima. El arrepentimiento no es abstracto, el abstracto es la herramienta del cobarde. El arrepentimiento es material y es la única dignidad del que cae. El arrepentimiento es ahora. En vida. En la carne. No en el templo. No en el lecho de muerte. En la plaza. En la ley. En la economía. Que el que acumuló, distribuya. Que el que mintió, confiese. Que el que oprimió, libere. Ese es el único perdón que la biología reconoce. Ese es el único ritual que la Tierra acepta. Chachipén en la confesión. Bizitza en la reparación. Aske en la mano que se abre y deja ir. El Duende no absuelve. El Duende constata. El arrepentimiento no es un sentimiento. Es una acción. Es el fin del dogma. Es el comienzo del cuidado. Chachipén, drom. El Duende, drom.

