(Verso 1) Con los pies en la tierra que este cuerpo me ha dado, un escultor de nubes, un partero frustrado. No ofrezco certezas ni un mapa del tesoro, solo el eco constante que resuena en el coro: "¿Qué es la belleza? ¿Qué es el valor?" Y el sabio se sonroja, pierde todo el color. Mi única riqueza, la que al necio espanta, es saber que mi ciencia no vale, no es tanta. (Verso 2) Pero llegan de fuera, con túnicas planchadas, los maestros de todo, por unas cuantas dracmas. Venden el argumento que doblega al contrario, convierten lo injusto en algo necesario. La virtud es un traje que se puede alquilar, la verdad una herramienta para poder ganar. Son sofistas, atletas de la palabra vana, que hoy tejen la luz y la deshacen mañana. (Estribillo) ¡Y yo, el tábano molesto, el aguijón de Atenas! Les muestro con preguntas sus propias cadenas. El mal es ignorancia, una herida en el ser, ¡y no hay peor ceguera que la de no querer ver! Ellos venden el humo, la razón del más fuerte, yo busco el alma pura que desafía a la muerte. ¡Solo sé que no sé nada! Y en esta contradicción, encuentro la semilla de la revolución. (Puente) Me acusan de corromper, de inventarme otro dios, de sembrar en los jóvenes una duda atroz. Mi daimonion me habla, no puedo traicionarlo, es el único juicio que no puedo evitarlo. Me ofrecen el exilio para salvar el pellejo, un viejo sin preguntas es un triste reflejo. Miren bien mi sentencia, la copa que me espera... es la última pregunta en mi larga carrera. (Estribillo Final) ¡Y yo, el tábano molesto, el aguijón de Atenas! Les muestro con preguntas sus propias cadenas. El mal es ignorancia, una herida en el ser, ¡y no hay peor ceguera que la de no querer ver! Ellos venden el humo, la razón del más fuerte, yo bebo la cicuta para encontrar la muerte... ¡O la vida que sigue! Pues ya no hay distinción... cuando muere el cuerpo, mas no la convicción.