
Al ver su pelo suelto y tan brillante, así de guapa y rubia, qué melena, con el cuerpo que tiene de sirena, de negro va vestida y elegante. La vi venir de frente, por delante, y como a la Esperanza Macarena, a esa cara tan limpia y tan serena la saludé educado y al instante. Ella me respondió con su sonrisa divertida y su boca tan carnosa que levemente al contestar bisbisa. Ana por la mañana está preciosa con esa juventud a toda prisa que luce su mirada poderosa.
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