La sal quema... la arena guarda rastros... por bulerías. La Pantera observa. La Pantera Negra del Puñal, con ojos de luna e instinto de metal, no caza por hambre, caza por justicia, su piel es noche, su rugido... voluntad. En la orilla duerme un cráneo en la roca, gaviotas gritan... el Puñal lo toca. Insectos tejen coronas de olvido, pero el filo recuerda lo que ha vivido. ¡Pantera Negra! Testigo en la rama del árbol forjado, tu mirada es espejo del tiempo robado. Tú naciste pa’l abrir camino, y en la arena escribiste tu dominio. El Puñal no es para herir, es para marcar la salida, para cortar las cadenas que atan la vida. La marea besa el cráneo en la piedra, el Puñal clavado canta una querella. La Pantera salta... sombra sobre el mar, su rugido es un cante que no olvidarás. El camino está abierto... y no hay vuelta atrás.