
[INTRO — BARÍTONO PROFUNDO, CASI SUSURRO] No todo infierno tiene llamas, ni todo fuego quema la piel; hay fuegos nacidos en el alma cuando el hombre comprende al caer: que amó lo que nunca pudo salvarle, que siguió una sombra creyéndola luz, que entregó su corazón a lo que era frágil y olvidó el camino que llevaba a Jesús. Y no toda pena es castigo, ni toda lágrima nace del mal; hay dolores que abren caminos, hay heridas que enseñan a amar. [CORO FEMENINO — LEJANO] ¿Qué hiciste con tu amor? ¿Dónde pusiste tu corazón? ¿Qué buscabas en la oscuridad, cuando llamabas verdad a la ilusión? [BARÍTONO] Porque el hombre no muere por no amar, ni se pierde por sentir pasión; se pierde cuando comienza a adorar lo pequeño que ocupa su corazón. Ama demasiado aquello que perece, ama la sombra, olvida la verdad; y aquello que al principio parece ser su cielo, se vuelve su prisión mortal. [CUERDAS — LENTAS, ASCENDENTES] He llegado a la montaña, donde el alma aprende a renunciar; cada paso rompe una cadena, cada lágrima la vuelve a despertar. Subo con el peso de mi nombre, con los rostros que inventé de mí, con la soberbia que escondía al hombre, con todo aquello que no quise admitir. Una mentira cae de mis manos, una esperanza aprende a morir; y los viejos sueños, ya lejanos, dejan espacio para poder vivir. [CORO] Sube, alma mía, aunque duela, sube aunque nadie te pueda mirar; cada herida que el camino revela es una puerta que empieza a cerrar. Sube, aunque tiemble tu paso, sube aunque no puedas comprender; a veces perder lo que abrazamos es la única forma de volver. [BARÍTONO] Aquí el tiempo no corre: el tiempo espera. Y por primera vez el alma escucha su silencio. Comprende que libertad no es hacer todo aquello que el deseo ordena; libertad es dejar de obedecer a aquello que convierte el alma en cadena. [PAUSA PROFUNDA] Entonces comprendí: el pecado no es solamente alejarse de Dios. Es olvidar hacia dónde caminaba el corazón. [CORO FEMENINO — MÁS CERCA] Recuerda… recuerda el camino… recuerda la luz… [BARÍTONO] Cada alma lleva dentro una música que alguna vez dejó de escuchar; y purificarse es volver a la música, es aprender de nuevo a contemplar. No subimos la montaña para huir del dolor, ni para borrar las huellas del ayer; subimos para darle un sentido al dolor, para comprender lo que nos hizo caer. Porque el sufrimiento que no transforma se convierte lentamente en prisión; pero el dolor que despierta y reforma puede abrir las puertas del corazón. [INSTRUMENTAL — ARPA, VIOLA, CORO ETÉREO] Oh, alma mía, ¿por qué temes perder aquello que nunca fue tuyo? ¿Por qué lloras cuando el tiempo te quita lo que el tiempo habría de quitarte? Déjalo ir. No todo lo que desaparece es una pérdida. A veces Dios vacía nuestras manos para que aprendamos a recibir; arranca de nosotros los engaños para enseñarnos de nuevo a vivir. [CORO — CRECIENDO] Vacía tus manos… abre el corazón… deja caer la sombra… deja entrar la luz… [FINAL — BARÍTONO, MUY BAJO] Y mientras cae de mí todo aquello que creí ser, comprendo que para volver a nacer primero hay que aprender a perder. [CORO FEMENINO — SUSURRO] Sube… alma… sube… hacia la luz…

