
Doña Muerte llega al mercado, entre frutas y verduras, con un gesto muy refinado, elige sus predas más duras. Los vendedores la observan, mientras ella ríe y comenta, "¡No teman, yo no enfermo, a la Muerte nada la revienta!" Se pasea por los pasillos, y con voz dulce y risueña, ofrece a todos sus anillos, "¡Un viaje al más allá, mi peña!" Todos ríen nerviosos, con su presencia tan fría, "¡Tranquilos, aún no es su día!" dice la Muerte, con ironía.

