
¡Quince pájaros en cinco abetos, las plumas aventadas por una brisa ardiente! Pero, qué extraños pájaros, ¡ninguno tiene alas! ¡Oh! ¿Qué haremos con estas raras gentes? ¿Asarlas vivas, o hervirlas en la olla; o freírlas, cocerlas y comerlas calientes? ¡Que ardan, que ardan, árboles y helechos! ¡Marchitos y abrasados! Que la antorcha siseante ilumine la noche para nuestro contento. ¡Ea ya! ¡Que los cuezan, los frían y achicharren, hasta que ardan las barbas, y los ojos se nublen; y hiedan los cabellos y estallen los pellejos, se disuelvan las grasas, y los huesos renegros descansen en cenizas bajo el cielo! Así los enanos mo rirán, la noche iluminando para nuestro contento. ¡Ea ya! ¡Ea pronto ya! ¡Ea que va!

