Pisé el piso frío con el alma hecha pedazos, la vida me enseñó que el orgullo cuesta caro. Traía los bolsillos llenos de preguntas, pero el corazón vacío de respuestas justas. Levanté castillos con arena en la mano, queriendo ser mi dios, caminando en vano. Hasta que la gracia me salió al encuentro, y entendí que el cambio comienza por dentro. No fue por fuerza, ni por inteligencia; fue cuando rendí toda mi resistencia. Mientras tú corrías, yo escondía el dolor. Sonriendo por fuera, por dentro sin color. La fama del barrio no compra la paz. Cuando cae la noche, la conciencia habla más. Me quité la corona que yo mismo fabriqué. Descubrí que el Rey ya había pagado mi fe. No fue coincidencia... Fue dirección. Hasta las heridas tenían una intención. Coro Abre las ventanas, que resuene la verdad. Si era polvo ayer, hoy camino en libertad. Donde hubo ruinas, Él levantó canción. Ahora este pecho es un templo de adoración. No regreso atrás... Ya crucé el Jordán. Su gracia pesa más que mi viejo afán. Verso 3 Escucho el órgano como un trueno celestial. Cada nota me recuerda que Su pacto es real. El Juez vino al mundo para cargar mi cruz. La muerte perdió fuerza frente a Su luz. Ya no vivo preso de mi reputación. Ahora mi identidad descansa en Su perdón. Las páginas viejas Él las volvió a escribir. Cuando Cristo habla... el muerto puede vivir. Puente Los imperios caen... Las modas cambian... Los nombres se olvidan... Pero Cristo permanece. Su Reino no conoce fecha de expiración. Coro Final Que tiemble la piedra, que despierte la ciudad. No existe cadena más fuerte que Su bondad. Del polvo nos levanta. Nos llama por amor. Donde antes hubo muerte, hoy florece el Señor. Que suene el órgano... Que retumbe la voz... Toda la gloria es solamente de Dios. Outro Cuando se apague la música... Cuando termine el aplauso... Cuando nadie esté mirando... Su fidelidad seguirá sonando. Su fidelidad seguirá sonando.