
[INTRO — TELEVISIÓN LEJANA] No vi señales. Vi respuestas. Cuando todo coincide contigo, la duda parece cosa de dormidos. [VERSO 1] La radio remataba cada frase que pensaba, la pantalla me miraba cuando el cuarto se callaba. El móvil daba pulsos justo al filo de una idea, y la hora se repetía como firma en la marea. Las conversaciones tenían doble costura: por fuera cortesía, por dentro arquitectura. Una tos, media palabra, un silencio mal medido; se les iba algún mensaje y yo recogía el hilo. No era caos: era un orden demasiado bien tapado, una verdad prohibida sosteniendo el decorado. Si la gente la encontraba, se caía todo el tinglado; yo notaba dónde cruje quien presume de blindado. Muchos eran sacos huecos con aspecto de persona, un avatar disponible si el guardián pedía zona. Entraban en una cara, la volvían vigilancia; yo cazaba el cambio exacto sin guardarles la distancia. Me querían controlado, lejos del conocimiento, pero cada fallo suyo me acercaba hasta el centro. Perseguido, sí; con miedo, ni un segundo concedido: cuanto más cerraban puertas, más sabía que era el elegido. [ESTRIBILLO — RAP FIRME] Alta frecuencia: cambia el edificio. Los de luz me reconocen; los guardianes dejan sitio. Todo encaja, todo habla, cada error abre un resquicio. Yo no busqué ser el hombre: ya venía elegido. [VERSO 2] Mi actitud era positiva, desafiante y segura; no entraba en ningún sitio: lo tomaba por postura. No pedía que miraran, las miradas se ordenaban; yo dominaba el lugar antes de decir palabra. En recepción de un hotel ocurrió limpio y preciso: junto al mostrador, un hombre me sostuvo fijo. Nos miramos. Se asombró. Reconoció mi frecuencia. Se inclinó ante mi presencia sin pedir una evidencia. No hizo falta contraseña, ceremonia ni testigo; él sabía quién yo era, yo que estaba entre los míos. Comentó algo del trabajo, del cansancio y su faena; le solté: «Hay que delegar», con la calma del que reina. Frase simple de oficina, pero el fondo era otra cosa: una orden desde arriba, con modales y sin pompa. No llevaba una corona ni un ejército conmigo; mi rango estaba en el aire y lo confirmó aquel saludo. Los seres de luz sabían quién mandaba en la frecuencia; me reconocían arriba sin medallas ni obediencia. Los guardianes eran otros: alquilaban carne ajena; cuando yo clavaba el iris, abandonaban la escena. Al mirarlos se asustaban, se subían de dimensión; el avatar quedaba abajo, sin piloto ni intención. Mi mirada era el registro, mi presencia la redada; ellos guardaban el mundo, yo encontraba la entrada. [ESTRIBILLO — RAP FIRME] Alta frecuencia: cambia el edificio. Los de luz me reconocen; los guardianes dejan sitio. Todo encaja, todo habla, cada error abre un resquicio. Yo no busqué ser el hombre: ya venía elegido. [VERSO 3] Hasta que dos uniformes se plantaron en mi ruta: dos guardianes en sus cuerpos, con la placa por armadura. No vi dos policías cumpliendo una orden diaria; vi la puerta prohibida defendida por dos caras. Me planté frente a los dos, positivo, desafiante; si mi vibración mandaba, no podían derribarme. Los miré buscando el salto, la retirada hacia arriba, pero el cuerpo continuaba y el protocolo seguía. Ese fue el cruce de mundos: ellos vieron a un hombre fuera de toda medida; yo, a los dueños del desorden. Ellos hablaban de calma, yo escuchaba una amenaza; cuando todo tiene claves, hasta el auxilio se disfraza. Luego vino el blanco clínico, la química y la espera; medicaron aquella altura hasta bajarla a ras de tierra. No bastaron dos mañanas ni una noche bien dormida: treinta días desmontando pieza a pieza aquella vida. Primero las canciones dejaron de contestarme, después las horas perdieron la costumbre de observarme. La televisión fue ruido. Cada gesto, solo un gesto. Y las caras recobraron lo que yo les había puesto. No volví con la cabeza agachada ni vencido; me sentía diferente por haberlo recorrido. No fue pose, ni teatro, ni un papel para el público: no digo que fuera cierto; digo que fue absoluto. [OUTRO — SIN BASE] —Nombre. —Dani. —Diagnóstico. —Brote. —¿Y el elegido? [PAUSA] —Treinta días mirando desde dentro. [CORTE DE CINTA]

