MIÉRCOLES POR LA MAÑANA [Verso 1] Las siete, suena el móvil, otro día que afrontar, uno vuelve de la fiesta, otro sale a trabajar. Se cruzan en la puerta del bar de la estación: uno ficha en la empresa, otro pierde la noción. La del turno de limpieza baja a coger el autobús, uno abraza una farola y le pide que dé luz. Hay un tío haciendo eses por mitad de la calzada, lleva el martes en el cuerpo y la camisa vomitada. Otro va con los pantalones que parecen un marrón: se ha cagado y va jurando que es la puta digestión. Y en el cubo de la esquina, entre cartón y cartón, hay un nota dando ronquidos dentro del contenedor. [Estribillo] Miércoles por la mañana, la persiana hace de alarma. Uno viene dando tumbos, otro sale y tira pal curro. Huele a pan, lejía y ron, a fritanga y a bajón. Aquí el día empieza pronto, pero anoche no acabó. [Verso 2] En la plaza queda alguno apurando lo que queda, con la boca como esparto y los ojos de moneda. Hay farlopa por las mesas, hay bolsitas en el suelo, y una abuela con su carro va esquivando aquel revuelo. El del bar pone cafés, nadie paga todavía, «Te lo apunto», dice el hombre, como apunta cada día. Uno cuenta que mañana va a ponerse a buscar, lleva meses con mañana sin que llegue a comenzar. Curran cuatro en todo el bloque, dice el viejo del balcón, unos cuantos en el paro, otros tantos con pensión. Uno cuida de su madre, otro vive del trapicheo, y el que presume de pasta siempre pide pa un cerveceo. [Estribillo] Miércoles por la mañana, la persiana hace de alarma. Uno viene dando tumbos, otro sale y tira pal curro. Huele a pan, lejía y ron, a fritanga y a bajón. Aquí el día empieza pronto, pero anoche no acabó. [Puente] «¿Qué tal va?». «Pues ya tú sabes». «¿Y el trabajo?». «Ni me hables». Pasa el coche de los urbanos, se hacen santos los chavales. Suena un taladro en el primero, otro grita al del tercero: «¡Son las ocho, desgraciado!». «¡Pues haberte acostao primero!». [Verso 3] Van los críos a la escuela con la madre de la mano, uno pregunta por qué duerme ese señor junto al estanco. Ella tira de la manga: «Venga, que vamos fatal», y el señor se da la vuelta sobre un folleto electoral. El del casco pierde el bus y se caga en media España, el del after lo saluda con un litro y una caña. «¿Dónde vas con tanta prisa?». «A pagar la puta luz». «Pues cuando acabes te pasas». «Sí, a mantenerte a ti, Jesús». Y entre broncas y bocinas va arrancando la función, con el barrio despeinado, sin pedirte aprobación. Son las nueve, abren las tiendas, alguien barre la acera; el del cubo saca un brazo: «¡Que aquí hay gente, puñetera!». [Estribillo final] Miércoles por la mañana, la persiana hace de alarma. Uno viene dando tumbos, otro sale y tira pal curro. Huele a pan, lejía y ron, a fritanga y a bajón. Mañana otra vez lo mismo: mismo barrio, mismo son.