
El mercado inventó la repulsión. Llamó "asco" al cuerpo adulto para venderte la hoja que te borra y el perfume que asfixia el rastro. La pornografía dictó el fetiche. Exigió la piel lisa de la infancia, el maniquí sin rastro, sin sudor, sin vello, la carne plastificada para el consumo. La raíz no es suciedad: es mapa. La norma infantiliza la carne. Te quieren pulida, dócil, amputada, borrando la biología para parecer un juguete. El olor es memoria. La piel es mapa. Sal, calor, materia que no pide perdón. La libertad no se afeita. La carne no se vende. Silencio. Chachipén, drom. El Duende, drom.

