
Suena el timbre al terminar, golpeándome detrás. En el camino de siempre dejé de pedalear. Me entregué a la gravedad, bajé la cuesta sin pensar. Y el viento sobre mi cara vino despacio a susurrar: "El tiempo no va a parar", riéndose con frialdad. Y una ansiedad sin nombre me empezó a atravesar. La ventana empañada en el rincón del calor. Las gotas bajo mis dedos parecían lágrimas de hoy. Abro y cierro el celular, ¿qué estará haciendo ahora? Los huecos de la rutina me duelen más que otras cosas. Lo cotidiano de siempre hoy se siente tan hermoso… tan difícil de soltar. ¿Cuántos días quedarán? Cada vez que vuelvo a contar, la ilusión de lo eterno se empieza a desmoronar. Dentro de esta jaula breve buscamos algún mañana. El miedo a que hoy termine y a la libertad que llama. Tomé todo lo que siento y lo lancé cuesta abajo. Los pasillos infinitos, el patio al atardecer, ahora caben tan pequeños entre mis manos tal vez. "Tengo que empezar ya mismo", me repito sin parar. Y esa pasión que me empuja solo gira en espiral. Nunca pensé comprender que incluso el verano eterno y las clases aburridas algún día tienen fin. Yo creía que lo sabía… pero nunca lo entendí. ¿Cuántos días quedarán? La cuenta empieza a acelerar. Y aquel timbre que odiaba hoy me suena a soledad. Antes que hoy se vuelva ayer había algo que decir. Con el pecho tembloroso volvemos la cuesta a bajar. …¿Cuántos días quedarán? …¿Cuántos días quedarán?

