
[Verso 1] Dicen que hablo complicado, que enredo demasiado el mensaje, pero vine de mirar cada fracaso y descifrarle el lenguaje. De cargar con el equipaje, camuflar el sabotaje, convertir cada “no puedes” en combustible pa’l viaje. No me hables de privilegio si no viste el precipicio, ni las noches negociando con mi miedo y con mis vicios. Hice oficio del sacrificio, beneficio del suplicio, cada cicatriz que cargo tiene firma de inicio. No fue magia, fue manía, disciplina repetida, una idea perseguida hasta dejarla sin salida. Mientras unos discutían si valía, si servía, yo ponía otro ladrillo mientras nadie lo veía. Y ahora juzgan el edificio sin mirar la cimentación, quieren cifras, quieren nombres, quieren rápida explicación. Pero el hambre no se explica con un gráfico o guion, es dormir con diez preguntas y levantarte con acción. Yo no vine por aplausos, vine a abrirme una avenida, con la espalda contra el muro y la mirada decidida. Cada puerta prohibida fue otra puerta construida; si el destino puso un cruce, fui derecho de por vida. [Coro] Sin permiso, sin padrino, sin pedir aprobación, cada golpe hizo más rígida la voz y el corazón. Si me dicen “baja el tono”, subo más la transmisión, yo no vine a ser aceptado, vine a dejar posición. Sin permiso, sin permiso, si hay un muro, improviso. Si me empujan al abismo, hago un puente con lo mismo. [Verso 2] Tengo sílabas que giran como hélices mecánicas, matemáticas verbales, diagonales, casi cuánticas. Frases rápidas, elásticas, dramáticas, volcánicas, cada barra trae otra barra con conexiones subterráneas. No es rimar “vida” con “herida”, eso cualquiera lo fabrica, quiero rima que se esconda, vuelva, choque y multiplica. Que una vocal se replique, que otra sílaba salpique, que el oído encuentre pistas cada vez que la mastique. Mira: lógica, crónica, incómoda, irónica, mi brújula es neurótica pero nunca monotónica. Táctica, práctica, cáustica, dramática, convierto una derrota en arquitectura matemática. Me dijeron “sé prudente”, pero prudente es relativo, porque a veces ser prudente es enterrarse estando vivo. Yo prefiero el adjetivo de obsesivo, compulsivo, si la meta está distante, hago del paso un explosivo. No soy mártir ni profeta, ni modelo de pureza, tengo dudas que me doblan, tengo orgullo, tengo piezas que no encajan, pero encajo cada falla en la cabeza hasta hacer de la ansiedad una herramienta de destreza. Porque el miedo bien usado es un radar en la tormenta, te señala dónde duele, dónde el alma se fragmenta. Yo no corro de la cuenta: si la vida me la aumenta, pago el doble trabajando hasta que el saldo se revienta. [Puente] ¿Quién decide cuánto vales? ¿Un diploma? ¿Un apellido? ¿Una cifra? ¿Una oficina? ¿Lo que ganas? ¿Lo perdido? Yo aprendí que el veredicto más peligroso y preciso es mirarte frente al vidrio y saber si te has mentido. [Verso 3] Yo he tenido días grises donde el “puedo” sonó falso, donde cada paso al frente parecía un paso en falso. Pero aprendí que el fracaso no es contrario del avance: es el precio de intentar tocar aquello que no alcance. Entonces fallo, me levanto, lo reviso, lo rehago, si me quemo con el fuego, estudio el fuego y luego apago lo que tenga que apagarse; lo demás lo vuelvo magma, porque el caos organizado también puede ser un mapa. Tengo planes dentro de planes, engranajes en engranajes, personajes que me hablan desde viejos sabotajes. “Ya llegaste”, “no te arriesgues”, “quédate en estos paisajes”; yo respondo: “si me quedo, ¿para qué fueron los viajes?” No confundo paz con pausa ni ambición con avaricia, quiero espacio para el alma, quiero filo en la pericia. Quiero tiempo con los míos, pero fuego en la conquista, porque éxito sin presencia es otra forma de estar en lista. Así que escribo contradicciones con precisión quirúrgica: ser paciente y tener prisa, ser cerebral y tener música. Ser humilde con la duda, ser brutal con la excusa, porque el sueño se hace humo si la acción nunca lo empuja. [Verso 4 — doble tiempo] Voy con la mente acelerada, calibrada, preparada, cada traba examinada, desarmada, reciclada. La palabra sincronizada con la rabia controlada, no disparo por disparar: cada frase va apuntada. Tengo métricas concéntricas, fonéticas simétricas, consonantes que se encuentran en esquinas geométricas. Energéticas, frenéticas, escépticas, eléctricas, pero el fondo siempre manda sobre acrobacias estéticas. Porque puedes rimar veinte y no decir absolutamente nada que acompañe al tipo que está solo entre la gente. Yo prefiero que una línea se te quede de repente, que mañana en un problema vuelva y diga: “sigue enfrente”. Que recuerdes que ser fuerte no es jamás estar intacto, es saber juntar pedazos y volverlos un impacto. Es firmar contigo mismo un incómodo contrato: “aunque nadie me asegure nada, igual yo voy y trato”. Así vivo: sin permiso, con principios, no con guía, con preguntas que me siguen desde noche hasta otro día. [Coro final] Sin permiso, sin padrino, sin pedir aprobación, cada golpe hizo más rígida la voz y el corazón. Si me dicen “baja el tono”, subo más la transmisión, yo no vine a ser aceptado, vine a dejar posición. Sin permiso, sin permiso, si hay un muro, improviso. Si me empujan al abismo, hago un puente con lo mismo. [Outro] Sin permiso. Sin padrino. Sin pedir aprobación. ¡Arriba esas manos! ¡Sin permiso!

