
Ya no sé si es dolor lo que en mi alma se anida o simple rasgadura del roto corazón; sólo sé que oscurece lo que has sido en mi vida y convierte en recelo lo que ayer fue pasión. Y no sabré jamás lo que en tu mente pasa ya que no lo dirás, como simple desdén, aunque te queme dentro, como una ardiente brasa, y aunque todo se queme de silencios también. Y así se irán los días, uno detrás del otro, cabalgando desiertos en cada anochecer y tú y yo, de las riendas de aquel salvaje potro, iremos por las noches sin un amanecer. Y treparán las hiedras a tapar nuestras bocas y una lluvia de arena será el yermo final; no sabré si es dolor lo que en mi alma desbocas no sabrás si es orgullo nuestra mudez banal. Sólo sé que te quiero, aunque no te lo diga; tú sabes que eres mía, aunque te hable el dolor: y así se nos irán los años en tal cantiga hasta que, simplemente se nos muera el amor.

