
Todos llegamos a este mundo sin nada más que un latido. Sin fronteras. Sin bandos. Solo una vida que comienza. Entonces el mundo empieza a decirnos quiénes somos. Y de algún modo olvidamos lo mucho que seguimos siendo iguales. En lo más profundo de nosotros vive la voluntad de sobrevivir. Para algunos, es un sueño. Para otros, solo un día más. Algunos despiertan en silencio. Otros despiertan con miedo. Algunos lo tienen todo y aun así siguen queriendo más. Mientras otros se aferran a lo poco que tienen. ¿Quién le dio a una vida el derecho de decidir por otra? Y aun así, algunos se interponen entre quienes hacen daño y quienes sufren. ¿Qué tan pequeña puede sentirse una vida en un mundo tan grande? Y aun así, cada uno de nosotros puede ser el mundo entero para alguien. Quizá no podamos cambiar el mundo... pero podemos cambiar un momento. La paz no empieza entre naciones. Empieza entre nosotros. Voces diferentes... colores diferentes... y aun así, el mismo latido. Encontramos nuestra alegría en aquellos que amamos. Escucha cómo se eleva la risa... siente cómo el mundo entero cobra vida. Todavía quedan millones de mañanas por vivir. Así que toma esta vida... y haz de ella algo que merezca ser recordado. Antes de ser cualquier otra cosa... SOMOS HUMANOS. Y cada latido merece la oportunidad de ser escuchado. Todo comenzó... con un latido. Estamos vivos.

