
[INTRO — INSTRUMENTAL, ARPA Y CUERDAS] Y entonces, por primera vez, miré hacia arriba. No había gloria todavía, ni coronas sobre la cima; sólo una luz pequeña y fría sobre la montaña vacía. Pero bastaba. Porque comprendí que la luz verdadera no necesita ser grande para vencer; sólo necesita permanecer entera, sólo necesita no dejar de ser. [BARÍTONO] Y seguí caminando. No porque ya no tuviera miedo, sino porque aprendí al fin que el miedo no es contrario de la fe: a veces es donde comienza el creer. [CORO FEMENINO — PURO, LEJANO] Camina… camina hacia la luz… aunque tiemble tu corazón, camina hacia la luz… [BARÍTONO] Tal vez el Paraíso no comienza después de morir. Tal vez comienza cuando el alma deja por fin de huir. Cuando ya no pide poseer la eternidad, ni encadenar aquello que ama; cuando comprende que amar de verdad es dejar libre aquello que se ama. [CORO] Amar… no es poseer. Amar… es liberar. [BARÍTONO] Cuando comprende que toda criatura es apenas un reflejo de una belleza mayor; que ninguna forma contiene la hermosura de Aquel que es la fuente de todo amor. Entonces la montaña deja de ser castigo, y el camino deja de ser condena; porque el alma descubre que cada enemigo era una herida que debía ser plena. Cada lágrima lava una mentira, cada paso rompe una prisión; cada renuncia lentamente retira la oscuridad del fondo del corazón. [CUERDAS — CRECIENDO] Y comprendí por qué existe esta montaña: no para castigar al hombre, sino para devolverle su verdadero rostro. No para destruir lo que fue, sino para purificar lo que puede llegar a ser. [CORO FEMENINO] Devuelve al alma su rostro… devuelve al alma la luz… [BARÍTONO] Y cuando finalmente la cima se acerca, no encuentro riquezas, ni tronos, ni respuestas para todas las preguntas. Encuentro silencio. Un silencio tan profundo que parece sostener el mundo; un silencio tan puro que dentro de él puede escucharse el movimiento del universo. [CORO — MUY SUAVE] Y el alma escucha… escucha… [BARÍTONO — LENTO] Entonces comprende: no era el mundo lo que debía cambiar. Era la dirección de su amor. [PAUSA LARGA] No era la noche la que debía desaparecer. Era mi mirada la que debía aprender a ver. No era Dios quien estaba lejos. Era mi corazón quien había olvidado volver. [CORO FEMENINO — ASCENDENTE] Recuerda… recuerda… el camino… [BARÍTONO — MÁS CÁLIDO] Y por primera vez la luz no estaba delante de mí. No estaba sobre la cima. No estaba más allá del cielo. Estaba dentro. [GRAN CRESCENDO] Dentro del alma… donde el silencio se vuelve canción. Dentro del dolor… donde despierta la compasión. Dentro de la noche… donde nace la visión. Dentro del amor… donde comienza la redención. [CORO — CELESTIAL] Dentro… dentro de la luz… Hacia la luz… hacia el amor… [BARÍTONO] Y entonces comprendí que subir no era llegar. Era aprender a amar. Amar sin poseer. Creer sin comprender. Caminar sin ver. Entregarse sin temer. Y mientras dejaba atrás la sombra de quien fui, sentí que algo dentro de mí comenzaba a morir… para que algo eterno pudiera nacer. [PAUSA] Y seguí subiendo. [CORO FEMENINO — MUY LEJANO] Sube… sube… hacia la luz… [BARÍTONO — SUSURRO] Ya no buscaba el cielo. Había aprendido a abrir el corazón. [FINAL — CORO FEMENINO SIN PALABRAS, CAMPANAS MUY LEJANAS] Ahhh… Ahhh… [BARÍTONO — ÚLTIMA FRASE] Y la luz… me encontró.

