
¡Eh, marinero, levanta la voz, truena el cañón del Glorioso feroz! ¡Setenta bocas rugiendo al mar, España nunca dejó de luchar! ¡Eh, camaradas, viento y honor, San Ignacio lleva el valor! ¡Aunque nos rodee todo el inglés, nadie nos dobla... jamás, jamás! Desde Veracruz salió a navegar, plata del reino debía guardar. Pedro Mesía firme al timón, miró al Atlántico sin rendición. Las velas blancas, cielo añil, brama la mar como un clarín; si viene el enemigo a buscar, ¡que pruebe el fuego naval! Junto a las Azores sonó el cañón, tembló la niebla con la explosión. Fragatas inglesas quisieron vencer, pero tuvieron que retroceder. Ni humo ni hierro lo hizo virar, seguía derecho rumbo al hogar; la plata llegó hasta el puerto español, ¡cumplida quedó la misión! En cabo San Vicente volvió la escuadra inglesa con furia y rencor. El Dartmouth quiso desafiar, ¡y bajo el fuego se hundió en el mar! Crujía la madera al combatir, nadie pensaba en huir; cada andanada fue como un tambor, ¡retumbó el mar con honor! Sin pólvora ya, sin un cañón, seguía latiendo el corazón. Rotos los palos, rota la vela, pero jamás rota la fe marinera. ¡Eh, marinero, levanta la voz, vive por siempre El Glorioso atroz! Setenta cañones, gloria y honor, reto del viento y del invasor. ¡Eh, compañeros, brindad por él, orgullo eterno sobre el bajel! Porque se rinde sólo el metal... ¡el alma nunca... del Glorioso inmortal!

