
Hoy pasé por el café donde juramos no volver, y el mesero me miró como se mira a un reincidente. Le dejé una propina absurda por aguantar mi cara de “todo está bien”, aunque sabía que era mentira… como siempre. Coro Porque al final, amor, somos inventarios del ayer: cosas que ya no usamos pero no sabemos tirar. Y aunque lo nuestro fue incendio y dejó cenizas por doquier, a veces extraño el fuego… aunque me hiciera mal. II Guardé tus cartas en una caja que dice “frágil”, por si algún día vuelvo a leerlas. Y no porque duelan menos, sino porque pesan más las respuestas que nunca te atreviste a dar. Y mira tú, qué ironía: yo que siempre fui el culpable de llegar tarde, ahora soy el que espera a que regreses a tiempo de salvar lo que queda. Coro Porque al final, amor, somos inventarios del ayer: cosas que ya no usamos pero no sabemos tirar. Y aunque lo nuestro fue incendio y dejó cenizas por doquier, a veces extraño el fuego… aunque me hiciera mal. Puente Quizá la culpa es de los dos, quizá de nadie, como siempre, pero qué fácil culpar al destino cuando uno no quiere ser valiente. Final Hoy pasé por el café y el mesero ya ni me pregunta. Tal vez entendió antes que yo que hay historias que se archivan, aunque duelan… o aunque nunca se junten. Coro Porque al final, amor, somos inventarios del ayer: cosas que ya no usamos pero no sabemos tirar. Y aunque lo nuestro fue incendio y dejó cenizas por doquier, a veces extraño el fuego… aunque me hiciera mal.

