
En el campo, la jíbara enseña, con matemáticas mientras cosecha, organiza talleres, llena de amor, los niños aprenden, se crea un fervor. En su clase, la mejor será, con ejemplos de la naturaleza, ¡qué felicidad! La comunidad valora su labor, las matemáticas son siempre un gran honor. Mide cosechas, calcula el costo, con su habilidad, mejora su negocio. En su tiempo libre, resuelve sin fin, con historias de vida, siempre va a compartir. Planifica su siembra, optimiza el tiempo, a través de números, entiende el viento. Demuestra que en la vida hay utilidad, las matemáticas son pura realidad. En la aldea, todos la admiran, sus habilidades, como estrellas brillan. Se inspira en patrones, en tejidos de amor, las matemáticas son parte de su esplendor. Así canta la jíbara, con alegría y pasión, matemáticas y vida, en perfecta unión. En cada rincón, su legado quedará, pues en su corazón, siempre brillará.

