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Adiós, querida pluma

V6-MINI

[Intro — hablado, quebrado pero firme] Hoy no vengo a escribir otro corrido… hoy vengo a despedirme. Qué ironía… usar la pluma para decirle adiós a la pluma. De la pluma del Veinteuno… por última vez. [Verso 1] Cuántas noches me salvaste cuando no podía dormir, cuando traía un mundo encima tú me ayudabas a seguir. Agarraba aquella pluma, y empezaba a descargar, lo que nunca dije en voz alta en canciones pude hablar. Mis recuerdos, mis heridas, los que están y los que se fueron, cada letra fue un pedazo de los años que me hicieron. No era fama lo que buscaba, ni tampoco presumir, era callarle a mi cabeza cuando no me dejaba vivir. Pero todo tiene un tiempo, y hasta el tiempo llega al final, hay decisiones que se toman sin tenerlas que explicar. Y ésta… me la voy a guardar. [Coro] Hoy le digo adiós… aunque me duela despedirme, aunque mañana la ansiedad vuelva otra vez a perseguirme. Hoy la pluma dejo atrás, pero nadie ha de saber qué fue aquello que una noche me hizo ya no volver. Tal vez fue tiempo… tal vez destino… o algo que no voy a contar. Hay preguntas que en la vida es mejor no contestar. Porque tú eras mi refugio cuando todo estaba mal, eras ruido pa’ mi mente cuando pedía descansar. Hoy te cierro para siempre, aunque me parta decirlo así… Adiós, querida pluma, gracias por cuidar de mí. [Verso 2] Contigo escribí a mi viejo, mis recuerdos y mi hogar, los momentos que ni el tiempo me los pudo arrebatar. Escribí de los que quiero, de traiciones y lealtad, de empezar desde hasta abajo, de perder y levantar. Cada acorde fue anestesia, cada verso respiración, cuando el pecho estaba lleno tú abrías una habitación. Ahí encerraba mis demonios, los dejaba en un renglón, y por cuatro o cinco minutos se callaba el corazón. Pero también escribí historias de la gente que quiero mirar con menos penas en los hombros y más motivos pa’ celebrar. Ojalá vengan días buenos, de esos que no hay que escribir, porque cuando el alma está contenta también se aprende a vivir. Que a los míos les vaya bonito, que haya más risas que dolor, que ya no ocupen mis corridos para contar lo que dolió. [Puente — voz baja] Tal vez nadie lo comprenda… cómo algo hecho de palabras puede salvarte tantas noches. Pero yo sí sé. Cuando mi cabeza corría, tú corrías más rápido. Cuando la ansiedad gritaba, yo subía el volumen. Y ahora… ¿quién la va a callar? No sé. Pero esta vez esa respuesta… no la voy a escribir. [Verso 3 — más fuerte] No me retiro por cobarde, ni porque me faltó valor, tampoco porque se acabaran las historias del Veinteuno. Historias quedan demasiadas, unas que nadie conoció, otras se quedan en secreto entre la pluma, Dios y yo. A los que quiero les deseo una vida mucho mejor, que lleguen tiempos más tranquilos, más alegría y menos dolor. Que ya no existan despedidas que me obliguen a escribir, que las noticias sean tan buenas que solamente hagan sonreír. Y de mi parte no pregunten qué fue lo que me hizo parar, hay cosas que hasta entre canciones uno decide no contar. No quiero aplausos ni lástima, mucho menos explicación, solamente estoy cerrando un capítulo del Veintiuno. Y si mañana me ven serio, con la mirada en otro lugar, es que antes agarraba un lápiz… y ahora ya no habrá pluma para poderlo descargar. [Coro final — con todo] Hoy le digo adiós… aunque me duela despedirme, aunque mañana la ansiedad vuelva mil veces a seguirme. Hoy le digo adiós… y no pregunten nada más, hay motivos que conmigo para siempre quedarán. A los míos les deseo mejores días por llegar, menos historias de tristeza, más historias que celebrar. Porque fuiste mi refugio, mi manera de escapar, convertiste mis tormentas en historias pa’ cantar. Y quizá ésa sea la última que me toque redactar… porque algunas despedidas no se deben explicar. [Outro — solo voz + requinto] Aquí quedan tantas letras que tal vez nadie escuchará… tantas historias esperando que las pudiera terminar. Y a todos los que alguna vez vivieron dentro de una canción… ojala lo que venga ahora sea mejor. Que haya menos lágrimas. Más abrazos. Más buenas noticias. Más vida. Y que ya no haga falta que esta pluma escriba cuando algo salió mal. Pero hasta aquí llegamos. Gracias por cada madrugada. Gracias por escucharme cuando yo mismo no podía. Hoy guardo el lápiz. Cierro el cuaderno. ¿Por qué? … Esa será la única historia que la pluma del Veinteuno no va a contar. Adiós a la pluma. Veinteuno. Y esta vez… no hay otra canción después.