
Abrígate. La noche está tan fría y la brisa tan húmeda que duele. Ven, tiéndete a mi lado, que revuele tu pelo a sotavento hasta que ría tu boca con locura plena. Mía, quiero llamarte mía donde suele llover menudo y mía, mía, vuele haciendo ecos por la serranía. Abrígate. La noche está tan triste que es una pena que te quiera tanto por perder la tristeza que la viste. Ven, tiéndete a mi lado. Niega el canto de doliente piedad que por mí insiste. Sigue mía, que tengo alegre el llanto

