Bajo la luna de la ciudad, tu sombra llegó como un huracán, yo defendía mi soledad, pero tus ojos rompieron mi paz. Tu voz tenía sabor a mar, a noches lentas de felicidad, y entre tus manos descubrí que el amor también sabe respirar. Y ahora mírame, ya no sé volver atrás, desde que besaste mi alma todo empezó a brillar. Bailando en tu luz se me escapa el miedo, tu corazón y el mío lateando el mismo fuego. Y cuando dices “quédate”, se detiene el mundo entero, porque contigo aprendí que amar también es vuelo. Bailando en tu luz, perdida en tu universo, yo quiero amanecer para siempre entre tus besos. Tus manos sobre mi piel dibujan versos lentos, como una canción de amor cantándole al silencio. Tus labios saben a verano, a vino dulce y carnaval, cuando me miras así hasta las estrellas quieren bajar. Y si mañana ya no hay sol, yo lo inventaré para los dos, porque tu amor me enseñó cómo se cura el corazón. Y ahora mírame, todo cambió de color, desde que entraste en mi vida la tristeza dijo adiós. Bailando en tu luz se me escapa el miedo, tu corazón y el mío lateando el mismo fuego. Y cuando dices “quédate”, se detiene el mundo entero, porque contigo aprendí que amar también es vuelo. Quédate aquí, no dejes que termine esta canción, porque en tus brazos encontré el lugar donde vive Dios. Y aunque pasen mil inviernos, aunque el tiempo diga no, voy a seguir amándote con la fuerza de mi voz. Bailando en tu luz, mi destino y mi deseo, tú eres la melodía que soñaban mis silencios. Y si la vida acaba hoy, bésame lento una vez más, que yo prefiero morir de amor antes que no verte jamás.


