Aburrido… me fijo en ti, te contemplo y pienso… Pienso en todo el sufrimiento que el mundo te hizo vivir. Solo eres una estatua, y aun así representas mucho para mí. Entre el silencio de la iglesia y la luz tenue del altar, parece que tus ojos de piedra me quisieran hablar. Porque para salvar al mundo escogiste en la cruz morir. Tú, que todo lo podías, aceptaste el dolor sin dejar de amar. Tus manos abiertas parecen abrazar a todos los que llegan cansados de luchar. Cuando llegó tu hora, supiste cumplir la misión que te fue encomendada. Y por nosotros, los hombres, fuiste a la cruz a morir, para sembrar esperanza donde parecía no existir. Entre sombras y cirios encendidos, tu silencio parece responderme, como si aún en esta noche quisieras comprenderme. Y en tus ojos apagados de piedra encuentro algo de calma, como si aliviaras en silencio las heridas de mi alma. Aunque muchos te olviden y no quieran escuchar, tu palabra sigue viva para quien la quiera encontrar. Porque hay dolores profundos que nadie puede explicar, y solo en el silencio se empiezan a curar. Y mientras la noche avanza y todo parece callar, siento que tu presencia me vuelve a acompañar. Eduardo C. Paz