Mal vamos si en mi nombre dejo hablar a los tibios y necios a los que nunca arriesgan y no se comprometen a los que siempre alegan las razones de estado su espíritu es perverso, su corazón helado, sus palabras afables, malvado su legado Tampoco a los que mienten con nefastos presagios Los que argumentan siempre con sus medias verdades Los que tiran la piedra y esconden ya la mano Y que luego se quejan si levantas la voz y cuentas sus vergüenzas Ya no escribo poemas -ahora escribo alegatos- y en mi propia defensa denuncio sus relatos Son cantos de sirena esas palabras huecas esas burdas disculpas, esas fofas respuestas y siempre te replican “ahora no, mejor luego” No me presto a sus juegos Ni me paro a escuchar sus cantos de sirena No detengo mi paso frente a sus catedrales sus vistosos palacios, sus estatuas de piedra ni tampoco me placen esas leyes feudales Y me llamáis rebelde porque calla mi voz cuando queréis que grite y grito sin ambages cuando queréis que calle Detrás de esas sonrisas está siempre una mueca Son cantos de sirena esas voces vulgares Son cantos de sirena, fuegos artificiales Que no pidan perdón si no lo sienten plenos de dignidad, aunque sepan que mienten Ruidos sordos que envenenan el aire esas palabras huecas, esas medias verdades.