Soy un nómada errante, sin heredad ni clamor, mi fe tiembla en el instante de un silencio interior. Alzó tu voz en la nube, estrellas dan la promesa de tu hijo y de su aliento. Temor que me asedia, ancla en mi corazón, fuego en mi alma herida, guíame, mi Salvador. Por sus frutos los conoceréis, ni de espinos habrá uvas jamás, al árbol fiel no ceden sus pies, que en sus ramas da frutos de paz. Me arrastró noche sin tregua, humareda y fuego al pasar, un pacto forjó mi entrega y la fe me vio morar. Junto al río de Egipto al Eufrates del mañana, la promesa al fin suscripto que en mi hijo germinara. Sostén mi piel cansada, soplo de amor interior, guía mi senda alzada, dame fruto y valor. Por sus frutos los conoceréis, ni de espinos habrá uvas jamás, al árbol fiel no ceden sus pies, que en sus ramas da frutos de paz. Sembrad bondad, acoged la voz que germinará mansedumbre real. Por sus frutos los conoceréis, ni de espinos habrá uvas jamás, al árbol fiel no ceden sus pies, que en sus ramas da frutos de paz. Por sus frutos los conoceréis, ni de espinos habrá uvas jamás, al árbol fiel no ceden sus pies, que en sus ramas da frutos de paz. Por sus frutos los conoceréis, Frutos de paz y redención. ======================= Evangelio 25 de junio 2025 Gén 15,1-12.17-18 Salmo responsorial: 104 Jn 15,4.5 Mt 7,15-20 =======================