Verso 1) En el año uno, cuando el mundo era joven, existía un niño con un alma que nunca se esconde. Aseiis era su nombre, su corazón puro y fuerte, buscaba respuestas en un mundo sin suerte. Llegó a Jerusalén, una ciudad en lamento, donde una catedral, en ruinas, guardaba el silencio. Sus paredes quebradas, sus techos caídos, pero Aseiis sintió un llamado escondido. (Coro) Aseiis entró en la catedral del ayer, y la música empezó a renacer. Cada nota tocada, cada acorde en el aire, restauró la catedral, la hizo alzarse en su desaire. (Verso 2) Las piedras rotas comenzaron a brillar, mientras la música danzaba en el altar. Los vitrales rotos se volvieron a formar, y los ecos de la gloria llenaron el lugar. Aseiis miraba con ojos de asombro, mientras la catedral surgía del escombro. Cada paso que daba, la música guiaba, y la catedral renacía, como un milagro que se daba. (Coro) Aseiis entró en la catedral del ayer, y la música empezó a renacer. Cada nota tocada, cada acorde en el aire, restauró la catedral, la hizo alzarse en su desaire. (Puente) El órgano antiguo comenzó a tocar, y los ángeles invisibles se unieron a cantar. La música llenó cada rincón y espacio, y Aseiis sintió el poder del compás, sin retraso. (Verso 3) La catedral ahora brillaba, restaurada y grandiosa, construida por la música, en una obra prodigiosa. Aseiis sonreía, sabiendo en su corazón, que había presenciado una divina creación. Y así quedó la catedral, en su gloria infinita, como un testigo del poder de la música bendita. Aseiis dejó el lugar, con la melodía en su alma, sabiendo que había sido parte de una historia calma. (Coro Final) Aseiis entró en la catedral del ayer, y la música empezó a renacer. Cada nota tocada, cada acorde en el aire, restauró la catedral, la hizo alzarse en su desaire. (Outro) Y en Jerusalén, en lo profundo de su historia, se cuenta la leyenda de la catedral y su gloria. Un niño llamado Aseiis, y la música que sonó, restauraron el templo, donde el milagro nació.