
¡El dragón se ha marchitado, le han destrozado los huesos, roto la armadura, hasta el brillo le han humillado! Aunque la espada se oxide, y la corona perezca, con una fuerza inflexible y bienes atesorados, aún crecen aquí las hierbas, aún el follaje se mece, el agua blanca se mueve, y cantan las voces élficas. ¡Venid! ¡Tra-la-la-lalle! ¡Venid de vuelta al valle! Las estrellas brillan más que las gemas incontables, y la luna es aún más clara que los tesoros de plata, el fuego es más reluciente en el hogar a la noche, que el oro hundido en las minas. ¿Por qué ir de un lado a otro? ¡Oh! ¡Tra-la-la-lalle! ¡Venid de vuelta al valle! ¿A dónde marcháis ahora regresando ya tan tarde? ¡Las aguas del río fluyen, y arden todas las estrellas! ¿A dónde marcháis cargados, tan tristes y temerosos? Los elfos y sus doncellas saludan a los cansados con un tra-la-la-lalle, venid de vuelta al valle. ¡Tra-la-la-lalle! ¡Fa-la-la-lalle! ¡Fa-la!

