
Aire de arriba
Marca al Sur la veleta de la torre, frío el aire de arriba, gélido, no lloverá en las plazas, en el tiempo de los pueblos ya anochece inexorablemente. En el viejo páramo de adobe que construye la espadaña ha brotado verde inalcanzable una higuera junto a la veleta, curiosa de estorninos y palomas, de vientos, de horizontes. Marca el Sur la veleta de la torre: el aire de arriba rara vez fue lluvia, lo sabe el que espera de las nubes. Cada amanecer descuelga cálido su llama fluida desde el campanario hasta la fuente: rumor de cristales. De cal vacías y frías al fondo, son como sarcófagos las casas. Aire que entrega su alimento en las plazas vacías de los pueblos, cuya luz es cada vez más tenue, y que apenas ven nacer a hijos que al crecer se marchan lejos ante la triste mirada de los padres. Es demasiado poca la niñez que juega por la plaza, sus risas y sus pasos diminutos son como la higuera verde que brota en la espadaña. El frío viento del Norte agita la carnosa copa de la higuera, joven esperanza sin futuro, y sus hojas arrastra a la ciudad, como las aves migratorias, retoños que ya no regresarán. Marca el Sur la veleta de la torre: el aire de arriba rara vez fue lluvia, lo sabe el que espera de las nubes. Cada amanecer descuelga cálido su llama fluida desde el campanario hasta la fuente: rumor de cristales. De cal vacías y frías al fondo, son como sarcófagos las casas. Aire que entrega su alimento en las plazas vacías de los pueblos, cuya luz es cada vez más tenue, y que apenas ven nacer a hijos que al crecer se marchan lejos ante la triste mirada de los padres. El aire de arriba rara vez fue lluvia, lo sabe el que espera de las nubes. Hijos que al crecer se marchan lejos ante la triste mirada de los padres y en el tiempo de los pueblos ya anochece inexorablemente, y en el tiempo de los pueblos ya anochece inexorablemente.

