
Sombras cruzan el mar sin nombre, viento frío sobre la piel. Traen la noche en los ojos y un mapa roto en los pies. La patria duerme en sus zapatos, polvo viejo del camino. Cada paso guarda un grito que aprendió a callar el destino. Cruzan mares de silencio, con la fe hecha cicatriz. Las heridas que les dieron hoy les enseñan a seguir. Y en la orilla del miedo se levanta un muro gris, pero hay manos en la sombra que no quieren huir de aquí. Hay un puente invisible entre tú y yo, sobre el odio y la distancia. Si tu voz rompe el silencio hoy, mi silencio se vuelve esperanza. Somos sangre bajo el mismo sol, aunque cambien los mapas del cielo. Si compartes el pan y el dolor, ya no estamos tan lejos. Los gigantes sin bandera navegando contra el mar, con el peso de la vida en la vieja maleta al marchar. Mientras tiemblan las ventanas de los reinos del temor, donde el miedo compra muros y la soberbia vende honor. Pero brotan en el asfalto semillas de compasión, cuando un gesto desafía la corriente del rencor. Y la voz del olvidado vuelve a respirar aquí, cada nombre que pronuncias es un fuego contra el gris. Hay un puente invisible entre tú y yo, sobre el odio y la distancia. Si tu voz rompe el silencio hoy, mi silencio se vuelve esperanza. Somos sangre bajo el mismo sol, aunque cambien los mapas del cielo. Si compartes el pan y el dolor, ya no estamos tan lejos. Mírame bien… podrías ser tú quien camina. El azar cambia de piel, la fortuna es una espina. Hoy tu casa es un refugio, mañana viento y frontera, si el mundo olvida su nombre solo quedará la hoguera. Pero hay escudos de manos vacías, rebeldía en la ternura, y un guardián de dignidad en cada gesto que perdura. Hay un puente invisible entre tú y yo, no lo rompen las banderas. Es la luz que resiste al rencor cuando el miedo cierra puertas. Somos sangre bajo el mismo sol, la misma sed y el mismo suelo. Si levantas tu voz con la mía hoy, cruzaremos el miedo. Hay un puente invisible entre tú y yo… y empieza en el corazón.

