
Quítate el ruido, me lo digo despacio, como quien se cuida. Quítate el ruido, que yo me perdí en la gente pa’ no oír mi vida. Me aprendí sus horarios, sus planes, sus prisas, sus “vente que hoy toca” aunque yo no quería, y cuando el pecho avisaba, yo subía el volumen, otra risa por fuera, por dentro una herida. No eran demonios, ni yo una víctima, eran noches brillando tapando preguntas. Discoteca en los ojos, silencio en el alma, y yo celebrando lo que me difunta. Amigos de fiesta, amigos de estar, amigos de Ibiza, de “vamos a arder”, y yo me entregaba completa a ese ruido por miedo a mirarme, por miedo a saber. Hasta que la vida me dejó sin máscara, me quedé en casa de mi madre, sin un duro, sin nadie, y el eco en el pasillo me habló sin hablar. Sola y sin ruido, por fin me escuché respirar. Y dolió… pero fue el primer “hola” de verdad. Quítate el ruido, que no es amor si te apaga por dentro. Quítate el ruido, que tu voz no se escucha entre tanto estruendo. Quítate el ruido, deja sitio en el pecho pa’ sentirte de nuevo. Quítate el ruido… que en el silencio empieza lo bueno. La primera noche el mundo pesaba, como si el sofá fuera una frontera. Pero en esa calma sonó un piano lejos, los Nocturnos de Chopin, luz en la madera. Y entendí que la paz no es estar sola, es estar contigo sin salir corriendo, es mirar lo que duele sin hacerte daño, es bajarle al ruido pa’ subirte el alma por dentro. Hay gente que te quiere cerca, pero sólo te quiere si sigues perdida. Hay risas que son anestesia, y abrazos que aprietan la misma herida. No guardo odio, guardo ternura, porque yo también fui parte de esa rueda, pero el amor no es ruido constante: el amor te acompaña, no te secuestra. Quítate el ruido, que no es amor si te apaga por dentro. Quítate el ruido, que tu voz no se escucha entre tanto estruendo. Quítate el ruido, deja sitio en el pecho pa’ sentirte de nuevo. Quítate el ruido… que en el silencio empieza lo bueno. Y cuando hice espacio, llegaron las cosas, como cuando abres la ventana y entra el día. El estudio, las ganas, la reinvención, y un mundo nuevo también con inteligencia artificial, no para correr más… para construir distinto, para aprender, para crear, para no repetir la vida prestada que antes me vestí. Y llegó Gabriel, con calma de casa, con paz verdadera. Mi casa se hizo hogar, de esos que no gritan, de esos que te esperan. Menorca en la piel, mi madre en la raíz, y yo por fin con foco, yo por fin siendo feliz. Si me escuchas y estás rodeado de ruido, si te ríes por fuera y por dentro te apagas, si te sobra la gente y te falta la vida, para un segundo. No hace falta odiar para alejarte, no hace falta romper para salvarte, hace falta decirte la verdad sin miedo: quítate el ruido, que te está haciendo daño. Quítate el ruido, hoy empieza lo bueno, aunque no lo parezca. Quítate el ruido, hay una vida esperándote detrás de esa puerta. Quítate el ruido, y en el silencio vas a oír cómo despiertas. Quítate el ruido… que ser feliz también se aprende, que ser feliz también se elige, quítate el ruido… Y cuando todo calle, vas a escuchar tu nombre sonando bonito.

