Quemé las cartas que no quise leer, me ato a los restos de lo que no fue. Espero en este vacío sin final, pidiéndole al silencio que me suelte ya. Caminé sobre brasas, me ardió la piel, rompiendo las cadenas que no supe ver. Golpeé las paredes hasta sentir que cedían, pero al final son fantasmas que ni existen todavía. Corrí sin saber hacia dónde escapar, y el círculo se repite, ya no quiero girar. Cada vuelta me arrastra más lejano, y aunque grite mi voz suena muy bajo. Tada da táta, tada da da... Tada da táta, tada da da... mm umm mmmmm... Escribo en la tierra lo que quiero enterrar, pero se desmorona antes de llegar. Parece un ciclo, todo vuelve igual, golpeo el vidrio queriendo escapar. Me aplasta el peso de no poder más, donde nada cambia y todo es igual. No quiero robar lo que no es mío, pero el frío en las venas me mantiene vacío. Mis inviernos se quedaron grabados en mi piel, como un tatuaje que nunca se borra, aunque no lo ves. Estoy mareado, llevando el peso de lo que no dije, los pensamientos pesan tanto, no importa lo que el cuerpo finge. Ya no encuentro mi reflejo en ningún espejo, sonrío mientras lloro y me dejo llevar por lo lejos. Las preguntas me queman la garganta, pero las respuestas son mudas, y mi mente se espanta. La verdad me aturde y me arrastra a lo profundo, donde todo lo que duele se mezcla en un solo segundo Mañana quizás queme algo más, las palabras que nunca me van a salvar. El eco de lo que fui, lo que dejé atrás, aunque borre todo, algo siempre quedará. Tada da táta, tada da da... Tada da táta, tada da da... mm umm mmmmm... Escribo en la tierra lo que quiero enterrar, pero se desmorona antes de llegar. Parece un ciclo, todo vuelve igual, golpeo el vidrio queriendo escapar. Me aplasta el peso de no poder más, donde nada cambia y todo es igual. No quiero robar lo que no es mío, pero el frío en las venas me mantiene vacío.


